Bloodbuzz Ohio

Conocí a The National cuando tenía dieciséis años. La primera vez que escuché una canción suya en la serie Skins, despertó al instante una curiosidad, de aquellas en que uno se memoriza la letra para saber después su nombre. El ritmo de la batería de Bloodbuzz Ohio repercutía en mi cabeza como un circo de animales incendiándose. ¡Qué voz tan más grave! pensé. Sentí un halo de melancolía con cada nota que el piano acentuaba y las guitarras muy al fondo entreverándose aunque siempre presentes. No se parecía a nada que había escuchado antes. Un estilo de componer nuevo. Muy libre.

Con el paso del tiempo me doy cuenta de su autenticidad. Ahora que han pasado nueve años desde que conocí a la banda puedo más o menos explicar por qué el tiempo ha solidificado su música. Pues para mí, The National es una guitarra a la que el aire le ha hecho bien; cada vez se aprecia mejor. A mi parecer, la banda ha trascendido por tener las siguientes virtudes:

  1. Los instrumentos no funcionan por sí solos pero en conjunto crean una atmósfera única y original. Imaginen un libro de poesía en dónde si toman un poema y lo integran a una antología falla en transmitir su efecto. O al menos no golpea igual a que si lo leen con los otros poemas del libro al cual pertenece. Cada instrumento lleva su propia narrativa sin opacar a los otros o llamar demasiado la atención. (Creo seriamente que esta es una razón por la cual siguen haciendo música).
  2. Tanto como músicos como banda han logrado evolucionar su estilo sin cambiar drásticamente. Lo cual no es malo, pero en el momento en que una banda cambia de estilo hacia algo más complejo y difícil de digerir, una considerable cantidad de fans se aleja de su música o se queda escuchando su material previo. No es el caso de The National. A través de los años han triunfado en darnos ese sentimiento que es muy suyo y que no te lo da otra banda.
  3. Letras poéticas. Cuando escucho I still owe money to the money to the money I owe me imagino estando en otra ciudad. Una calle con un carril de ida y otro de vuelta. La calle está rodeada de árboles frondosos. Yo camino en sentido contrario sin ningún destino en específico. Y no pienso en nada más.

No pretendo decir que estas sean las únicas virtudes. Se puede dar el caso de que haya muchos más. Y estoy seguro de que las hay. Pero a mi modo de verlo, The National es un lente para ver la vida de una forma más divertida. Y hay críticos que con respeto, la tachan de ser aburrida. Qué ironía.

A 11

En dos lugares a la vez 

no más

un mundo corre.

Me susurras una palabra de ánimo

sin pasar el carrete.

A 12

Como si estuviera muerto

o vivo o ciego.

Como si fuera 

un reloj de arena. 

A 13 

¿Dónde está la flor? 

No sabemos dónde está 

ni si está entre nosotros. 

A 14 

Reflejos de hoy 

sumergidos por muchos años

en esa ilusión

junto al mar.

A 15

Como la luz del sol

en invierno

los años pasan enterrados

y a ninguno le escribo

los anhelos que evoca

aquél hogar. 

Alex Andonie

Jun el coleccionista

Por las calles de Memphis: una pareja japonesa carga con su maleta roja. La noche será larga en el Arcade, un viejo hotel que por su arquitectura parece estar a punto de desplomarse. Para no morir de aburrimiento Jun saca su cámara, le mete rollo y comienza a fotografiar objetos que va encontrando en el cuarto: una lámpara, la cama, el radio. Mitzuko trabaja en su teoría sobre las múltiples identidades de Elvis para más tarde probarle a Jun que El Rey fue más influyente de lo que piensan.

Mitzuko le pregunta a Jun su razón por fotografiar objetos de los cuartos donde se hospedan y nunca de las cosas que ven cuando viajan. Él le dice que esos momentos ya están en su mente, los cuartos de hotel y los aeropuertos son las cosas que olvidará. Mitzuko se queda en silencio, más tarde invita a su pareja a observar su investigación.

Quiero imaginar que treinta años después, Jun ve la fotografías y se transporta a esa cama en donde una vez escuchó Blue Moon de una radio amarrada al buro y recuerda vagamente lo que es tener dieciocho y estar en América. Pequeñas ilusiones toman fuerza y despiertan la necesidad de abrazar esa época de nuevo. Hojea el álbum como un arqueólogo que va limpiando con delicadeza su descubrimiento más reciente. Pinta aquél viaje a Memphis con neones, colores que le hacen creer que en ese momento hallaba más alegría que la que tiene ahora.

Jun y Mitzuko son personajes de Mystery Train, una película estadounidense dirigida por Jim Jarmusch en 1989. Cada año, fans de esta película viajan a Memphis para visitar el Arcade Hotel. Al llegar se topan con un pequeño problema: el hotel en el que Screamin’ Jay Hawkins atendía a los turistas en un saco rojo ya no está.

¿Valió la pena el viaje? Quizás ahora tengamos más fotografías que recuerdos. O al contrario, quizá tengamos una memoria fotográfica como la de Jun y no necesitemos tomar fotografías en cada lugar que visitamos. Sea lo que sea, todos somos coleccionistas de alguna u otra manera, y hace falta una palabra que describa el acto de fotografiar algo o alguien por miedo a olvidarlo en el futuro. Quizás ahora más que nunca considerando el mundo de quién-tiene-más en el que vivimos.

A10

Más allá del muelle

la hierba 

parece subrayar.

A7

Ecos

de nuestro tiempo

todas las olas. 

A9

Comienza a desechar 

el mar un último trozo 

de algo

con otra piel.  

A8

Cuelgo tus acordes suaves

a la orilla

se multiplican 

como los turistas

si lo que tenemos no es

para siempre

A6

¿Qué nos dice que descansa

en ella un instante?

Un instante que resucite entre entonces 

y ahora.

Es solo el rescoldo del invierno, digo

y no hay nada o nadie 

que en ella despierte.

Alex Andonie